La muerte nunca llega los jueves a las 9
Nunca fue mi amigo, pero la muerte de este humano llamado por una suerte del destino trágico: Kennedy, me oscureció de alguna forma mis días ya opacos por las tormentas de estos olvidos que caen del cielo.
Kennedy Rojas Jalil tenía un programa de televisión, no sé en qué canal, yo lo miraba por la inercia del control remoto caído en mis manos torpes y pasaba acelerado buscándolo el jueves a las 9, un programa raro en medio de tanta inmundicia tóxica que nos muestran los demás canales hondureños, entre novelas de putas drogadas y dialéctica miserable de noticias baratas, de locutores desgarrados en el futbol y basuras así.
Kennedy tenía un programa de cultura, de música, de pintura, museos, raro programa, una vez pasó la vida Lennon, y otra vez la música de los Creedence, un día apareció con la vida de Van Gogh, a veces aparecía con los Beatles en su esplendor de los 60s, y en plena cacería chafarotil apareció con unas imágenes del mayo francés. Raro Kennedy en este país de salvajes y trogloditas fotogénicos de la televisión.
El hombre era médico, aun más raro, porque pocos médicos conozco yo que tengan una cultura general y más aun, un interés por los demás en el conocimiento.
Un hombre de tanto talento, que murió abrasado en llamas en un accidente brutal en una fábrica de balas, la tragedia estaba allí, quizá no pensó Kennedy en su éxito, en su talento, por que las armas y todo lo que las alimenta siempre termina en tragedia, en fracaso irremediable frente a la vida.
Nunca lo conocía, y no es mi afán decir nada bueno o malo de este hombre, ni tampoco aspiré nunca a conocerlo, pero como todas las cosas, y las vidas que he conocido, siempre espere conocerlo al azar, darle la mano y decirle que me gustan los Creedence como a él.
Hoy lo vi en la despedida que le hizo su padre, Aníbal Rojas Cuadra en la tele, lo vi en fotos sepias del recuerdo y ese dolor que uno no puede ocultar ver el uniforme del Motagua que el mismo compró para su chico, que nacerá en estos días.
Adiós Kennedy.
Allan McDonald