El Partido de Carías Andino por Efrén D. Falcón
"Cuanto menos aporta un político, más ama a la bandera”
Kim Hubbard
El Partido de Carías Andino
por Efrén D. Falcón
En estos momentos, la fuerza política mejor organizada del país es el Partido Nacional de Honduras, que celebra este día ―27 de febrero― el centésimo noveno aniversario de su fundación. Sin duda, este instituto político se ha erigido en los últimos veinte meses como la mayor fuerza política del país, a expensas del fraccionamiento del Partido Liberal debido al golpe de Estado de 2009.
¿Progresista?
Con el permiso de todos los simpatizantes, militantes y seguidores de la enseña de la estrella solitaria ―a quienes debo el mayor respeto―, personalmente siempre he pensado que el Partido Nacional de Honduras ha sido, y sigue siendo, una fuerza tremendamente negativa para el desarrollo del país.
El nacionalismo oficial considera al Gral. José T. Cabañas como el precursor cuyos ideales contribuyeron a fundar su partido [¿?]. Y aunque Cabañas fue “morazanista” fiel, no es tan descabellado si se toma en cuenta que el Partido Nacional incluyó en sus inicios la palabra “progresista” en su apelativo. Pero no pasó mucho tiempo antes que sus abanderados lo convirtieran en una organización política afín a los regímenes dictatoriales. Los dieciséis años de Tiburcio Carías en el poder, y la estrecha colaboración de los líderes nacionalistas con los gobiernos militares de facto posteriores no permiten equivocación al respecto. Y aunque siempre han hablado de progreso, reformas y democracia, la práctica ha demostrado, en general, su vocación conservadora, apátrida y huérfana de cualquier espíritu democrático verdadero.
Pioneros del neoliberalismo
Modernamente, el primer gobierno nacionalista electo en las urnas, el de Callejas Romero, será recordado en la historia de la infamia nacional porque sentó las bases neoliberales para el saqueo metódico del país por los actuales grupos de poder; y estableció el camino, aliándose con Flores Facussé, para dominar el escenario político nacional, tras bambalinas, por medio del bipartidismo. Poco a poco el Partido Nacional y el Partido Liberal perdieron cualquier identidad diferenciadora que pudieran haber tenido, para convertirse en una fuerza unilateral, dominada ampliamente por el poder económico, y cuya única meta ha sido enriquecer sin límites al grupo que sirven, sin importar la situación de la gran mayoría de los hondureños.
Hoy, los cachurecos manejan dos poderes del Estado sin oposición. Empero, debe recordarse que en realidad tocaba el turno a los liberales, pero el golpe de Estado que “tuvo” que ejecutar la cúpula bipartidista en pleno, con el apoyo de la ultraderecha internacional, cambió los papeles; y Pepe Lobo, que ya era “cuete quemado” ―más de cinco meses antes de las elecciones―, terminó por ganar la presidencia jugando al «yo no fui», en una de las elecciones más “botadas” de la historia de Honduras.
Desde el gobierno, los nacionalistas garantizan que no habrá cambios cualitativos reales para los hondureños. Su meta principal es mantenerse en la administración del Estado por varios períodos. Tomarse la Corte Suprema de Justicia solo es cuestión de tiempo.
El plan y el panorama
Los candidatos potenciales para heredar a Lobo Sosa se hacen cada día más visibles. Si bien, en los primeros días de gobierno ya se podía hacer una lista, que hoy persiste intacta, todos ellos, con una excepción quizá, se mantienen trabajando infatigablemente, y sin ninguna vergüenza, en sus respectivas candidaturas.
En el ínterin, como en antaño, los nacionalistas se venden como reformadores y progresistas. Pero lo único que realmente están haciendo es sentando las bases para su predominio, y de paso, montándole al pueblo una comedia sin precedentes para distraer su atención. Saben que lo importante es que mejore la economía, que se creen oportunidades de trabajo y que la plata se reparta a diestra y siniestra, así nadie se quejará. Piensan crear un ilusionismo de desarrollo donde el pueblo solo recibirá migajas, que es más de lo que hoy recibe. La ecuación parece cuadrar, pero quizá no se han introducido todas las variables que afectan la fórmula. Nadie puede saber con exactitud las repercusiones que podría tener la asonada del 28 de junio de 2009, aunque por ahora no es mucho lo que ha cambiado.
El panorama es gris. Ya puedo escuchar los estribillos estúpidos, los eslóganes para insulsos, las falsas promesas y los ridículos, improvisados y vacíos planes de gobierno: toda la parafernalia electorera vernácula en acción; y los activistas y los chamberos inspirados por las banderas azules, rojas, verdes, amarillas y anaranjadas, mientras la otra mitad de la población que prefiere no votar sigue en su silencio cómplice.
Querido compatriota: no hay cambio que valga. Estamos encerrados en una esfera sin salidas: sin educación no hay conciencia posible; sin conciencia el ejercicio electoral es la aceptación masoquista de un sistema de injusticia, desigualdad y empobrecimiento. Solo cambiarán los nombres, porque el statu quo y los intereses prevalecientes seguirán intactos. El cambio no se gana, ni se merece; se construye, poco a poco, paso a paso. Algunos creen que el proceso ya inició. Es posible. Solo el tiempo podrá develar la respuesta. «Lo de que no hay mal que dure cien años, como que no va con los cachos.» Suerte y amén.
Febrero 27, MMXI