Todos nos sabemos el pereré pereré de la lista de las bellezas naturales y humanas de nuestro país, y el blablablá infinito de las lista de nuestros problemas como sociedad. Todos nos damos cuenta de lo mal que anda nuestro país, ―con excepción quizá del crimen organizado, el ilegal y el lícito, para quienes Honduras es una especie de paraíso impune― por múltiples razones; ahora bien, pecaría de pesimista y seguramente faltaría a la verdad si afirmara que a nadie le importa el país, que nadie se interesa por encontrar la manera de cambiar el actual orden de cosas, que no hay personas pensantes y bien intencionadas que se preocupan por el futuro. Pero, con seguridad, no exagero cuando catalogo el panorama político nacional como sombrío, a pesar de las muchas esperanzas que para importantes sectores levanta el nuevo partido en ciernes, surgido de la oposición al Golpe 2009.