Él fue la antítesis del buen atleta: estaba en contra de los entrenamientos individuales o colectivos y de la abstinencia –sobre todo del sexo, alcohol, tabaco y mala vida nocturna. Hasta su nombre se escapaba de lo convencional: Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Viera de Oliveira. Estudió medicina mientras jugaba, nunca entrenaba, y en los campos mientras hacían sus ejercicios sus compañeros de la gloriosa selección de los años 80´s, él se arrimaba a los solitarios palos de las porterías a leer libros marxistas, él fue de los que adoptó una postura política, era el único que cargaba libros en vez de tacos, y él más comprometido, leía a don Carlitos y jugaba como un santo. Era ateo y dios, eso nunca lo vi en ningún futbolista en el mundo.