Una noche turbia y gris de 2004, venía conduciendo por Comayagüela a eso de las 9 de la noche, venía de una exposición de arte y al cruzar por la primera avenida, llegue a un alto, me detuve un segundo, bajé el vidrio para ver si aparecía un vehiculo veloz por allí, y en esa fracción de tiempo apareció un grupo de prostitutas muy alegres y me dijeron: “hola mcdonald, me gustan sus caricaturas”.